El contraste es contundente, todo quedó vestido de azul y oro y los demás colores quedaron lejos de la fiesta. Atrás quedaron las estrategias, las palabras y las suspicacias. Boca se quedó con un histórico triangular desempate entre los tres mejores equipos del campeonato y gritó más fuerte que todos, un 23 de Diciembre de 2008, a pocas horas de Navidad.
Allá lejos, cerrando la tabla en el último puesto se puede ver también a un River histórico, pero por haber consagrado su campaña como la peor de su extensa vida futbolística. Un River que mandó a jugar a su máximo ídolo en actividad a un modesto equipo del Nacional “B” y que nunca pudo encontrarle la solución a esa ausencia, quizás de más peso anímico que otra cosa, porque claro está que la debacle del equipo de Núñez pasó mucho por eso, ya que nunca pudo recuperarse.
“River perdió el clásico menos importante de los últimos diez años" decía Aguilar en Octubre. Sin embargo el tiempo le negó la razón, ya que esos tres puntos le aseguraron a Boca una levantada anímica impactante que luego le aseguraría un lugar en el triangular que definiría el título. Por otra parte, si el equipo dirigido por ese entonces por Diego Simeone se hubiera quedado con los tres puntos, no hubiera penado en el último puesto de un campeonato que quedará en el recuerdo en La Boca y en Núñez.
San Lorenzo que brilló en varios pasajes del torneo, pero que se quedó sin nafta en el tramo final, en el que arremetió Boca, descontándole 11 puntos e incluso superándolo por un momento en la tabla de posiciones.
También hay que hacer una mención especial para Diego Cagna, técnico, estratega y alma de un Tigre también histórico, que puso todo lo que tenía hasta el último aliento. Un técnico joven que mostró toda su capacidad una vez más y que seguramente un día su camino se volverá a cruzar con el de Boca.
Y volviendo al campeón ¿Qué tiene este Boca de distinto a los demás equipos del campeonato?
Primero y principal es un equipo que supo sobreponerse a la adversidad. Se calló su símbolo y goleador, Martín Palermo, y logró reemplazarlo con un goleador del club como Lucas Viatri. Rodrigo Palacio luchó todo el campeonato con una lesión que lo marginó de muchos minutos de juego. Tuvo a un Román iluminado y decisivo, pero que también cargó con una cantidad de minutos inusual, ya que además de los partidos de Boca el mejor 10 argentino de la actualidad también lució la camiseta de la selección en las eliminatorias y trajo la segunda medalla de oro en fútbol desde Beijing. Román sintió la carga de partidos, pero lo supo disimular con corazón y magia.
Y como si esto fuera poco, se lesionó Paletta en el final del campeonato, el arquero titular, Mauricio Caranta fue excluido del equipo y tuvo varias bajas más durante todo el torneo. Y como frutilla del postre termina jugando la final sin Román por una amarilla discutida contra San Lorenzo, con tres jugadores que no suelen ser titulares en el medio campo y con la entrada de un arquero sin experiencia en primera, luego de que García se resintiera de una lesión y sufriera un nuevo error en un gol. Pero Boca fue Boca. Un grupo de hombres que se sobrepuso a todo y supo cómo manejar los momentos, no sólo del partido definitorio, sino también de todo el campeonato.
En esta nota no podemos olvidarnos de la figura del campeonato, que no fue Morel de Tigre, ni el Pitu Barrientos de San Lorenzo. No, esta vez tampoco fue Román. El mejor jugador del campeonato fue el que supo manejar al equipo, el alma de Boca. Ese jugador es el que tiene el verdadero fuego sagrado, el que vivirá por siempre en la camiseta número 5, que vistieron monstruos como Antonio Ubaldo Rattin, Blas Armando Giunta y más acá en el tiempo el inolvidable Chicho Serna. Sí señores, la gran figura del torneo se llama Sebastian Battaglia, el hombre que fue el termómetro de Boca y se comió la cancha en cada partido. Un dato más para las estadísticas, con este título Sebastian Battaglia alcanzó a Guillermo Barros Schelotto en la cantidad de títulos en el club y comparten el honor de ser los más ganadores de la historia Xeneize. Y Sebas no se detiene, como en la cancha va por más …
Por todo esto y quizás por alguna cosa más, Boca ha sido un justo campeón, por haber sabido pegar en el momento justo y haber aprendido a manejar los momentos del campeonato para volcarlo a su favor.
El último párrafo es para Carlos Ischia, a quien seguramente se le renovará el contrato luego de este logro. El técnico que supo encaminar el barco que lo llevó a la gloria, el que supo parar a un equipo de hombres y también se animó a jugársela por los chicos del club. “Son decisiones”, decía un técnico que había pasado por Boca hace poco tiempo. Y es verdad, el mejor discípulo del Virrey las supo tomar.
Texto de la nota: gentileza de Bender3001